lunes, 11 de abril de 2016

Hay muy poca gente



“…esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre, de continuar, de mantenerse a flote contra viento y marea, contra el llamado y la caída.” J. C.

Tú y yo nos habíamos despedido hace mucho. No recuerdo exactamente la fecha ni el lugar, pero ya habíamos sentenciado que nada sería igual. 

No sé si fue aquel día en el hospital o mucho antes, quizá cuando éramos adolescentes y veíamos un mundo de color más pálido que con el que veo ahora. A través de ti conocí muchas cosas, estuviste presente el día que supe lo que era decir adiós; también estuviste la primera vez que me enamoré y que me rompieron el corazón. 

El primero de esos momentos fue en la niñez, fue cuando decidieron tomar un camino diferente y alejarse del ajetreo de la ciudad más grande el planeta (nada reprochable si consideramos el deterioro de esa ciudad ahora). Recuerdo pocas cosas de esa época (en realidad recuerdo pocas cosas de todas las épocas, vividas o no vividas), pero las cosas que más recuerdo son los jardines interminables, los perros que mordían y las excavaciones que nos llevarían a ser el Dr. Grant.

Los tazones de sopa de cristal opaco y después las tardes de patear el aire. Siempre tuviste un aire de gracia, algo que nunca logré comprender. No sé cómo era posible que alguien pudiera tener una sonrisa siempre, con cualquier motivo o sin tener alguno. Siempre fuiste mejor para el 64 que yo, lograbas acabar antes todo, mientras que yo tardaba eternidades. 

Cuando te fuiste, todo a mí alrededor cambió. No había con quien jugar más. Decisiones no hechas por nosotros que cambiarían, presumiblemente más tu mundo que el mío. 

Ahora, en vez de reunirnos 3 o 4 veces a la semana, era una vez al año. Esos veranos húmedos y calientes, llenos de un sofocante ambiente creado por el sol y las barrancas del lugar. Boliche, carreras en go-kart, películas; y una vez más, videojuegos.

Pasado el tiempo, entró la normalidad en todo mundo, crecimos y encontramos diferentes gustos en música, literatura, cine, estudios… Y llegó el segundo momento más importante de mi vida hasta ese momento, estaba encarnado en dos ojos cafés, piel blanca y cabello castaño. Gracias a ti, encontré algo que jamás había encontrado. 

El cómo haya acabado, es una historia muy diferente. Pero siempre será muy significativo esa tarde, en la cual cambiaría mi perspectiva del mundo en el que vivimos.

En esa época también comenzaba a tener sueños con guitarras eléctricas y baterías, me agotaba el simple hecho de salir de la zona habitacional (ahora recuerdo al taxista que alguna vez nos llevaba y traía…) Y aquellas noches en las que salíamos y nos sentábamos en una banqueta y platicábamos de nimiedades, mientras con la mirada repasábamos el cielo y la poca humedad que quedaba del día.

El verduzco en lo alto de dos cachetes redondos y blancos que terminaban en una mata entre amarillo y café. El excelente prototipo del “güero” mexicano, aquel personaje que todos querían ser por su color de piel, pero que nadie, absolutamente nadie, siquiera se acercaba al carácter que tú tenías. 

Cada año yo te escribía para desearte feliz cumpleaños, de paso preguntaba por ellos y me sentía sorprendido de que ellas de ser unas infantas, pasaron a entrar a una universidad. La sorpresa para mí está en que para mí, el tiempo se quedó parado en algún momento entre 1999 y 2005. No hubo más allá de eso. Todo lo que pasó después, simplemente no existe. 

Hasta que llegó viernes para mí. Ese viernes en el que me levanté de tan buen humor, sin saber que durante mi sueño, tú ya planeabas crear un 2016 en aquel tiempo que nunca se movió para mí. Una nueva entrada. Al igual que me pasó años antes en otra situación, al inicio no sabía nada. Era un perro perdido en un mundo de calles, gente y motonetas eléctricas.

Era una incredulidad bárbara. De no saber qué hacer, ni rezarle a Confucio hubiera valido. De todas las casualidades de la vida, de la tuya y la mía, es que yo pude haber estado ahí si tan sólo… Pero nunca existió ese “si”. Y no se remonta a mi decisión de no ir a una boda; o de venir a hacer una maestría en no sé qué cosa; o estudiar un idioma pictográfico; o terminar con ella; o ir a Chiapas; o ir a ver Buscando a Nemo; o tomar un examen de Tae kwon do; o ver por primera vez Toy Story… O quizá sí tenga que ver todo eso. 

El concepto de casualidad o destino aún nos está volviendo locos. Y tú, ya eres los dos. 

viernes, 8 de enero de 2016

Fotos 2015










Bueno, pues ha terminado el año. Dejé de escribir estas dos semanas porque decidí darme unas vacaciones navideñas, pero ya esta semana regresamos a la normalidad.

Les dejo unas fotos de lo que ha sido el semestre anterior aquí en China. No sin antes hacer una mención a una pequeña tradición de la familia Jiménez Montiel que nos han invitado a hacer cada1 de enero para recibir el año nuevo. Esta tradición consiste en salir de tu casa a dar un pequeño paseo con una mochila o maleta, representando que ese mismo año tendrás oportunidades de viajar a otros sitios. Sin ánimos de ser supersticiosos o incrédulos, las dos veces que he hecho, junto a mi amigo Miguel , la tradición ya explicada, he salido de México hacia China. 

Y justo me acordé de ellos este 31 de diciembre, porque unos colombianos que estaban en la fiesta, nos invitaron a los demás a hacer lo mismo (quizá lo haya sacado Karla de uno de sus viajes a Colombia o ella se los haya pasado). Saludos desde la distancia.




"Pájara Peggy" 2015/12/5

Cuarto de Lilia 2015/12/22

厦门Xiamen 2015/10/1

Nevando en Hangzhou 2012/12/5

Encuentren al mexicano... 2015/10/30

Enseñando a unos chinos a hacer Pizza 2015/10
西湖 Xihu.


土楼 Tulou

洛神花 Luoshenhua. Conocido como Flor de Jamaica en México (aguas frescas, ¡sí!)

龙井 Longjing. Campos de té de Longjing, Hangzhou

Templo budista perdido en Longjing

西湖 Xihu, después de Navidad.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

La burocracia china, tan milenaria como su cultura.

La primer aventura épica que todo extranjero tiene al llegar a China es tramitar su permiso de residencia. Toda persona que ha venido a China a estudiar por un periodo mayor a 6 meses ha sufrido lo que todos nosotros hemos sufrido al venir. 

El problema empieza desde nuestros lugares de origen, en el que reunir los papeles con certificado médico incluido es un martirio. Primero debes hacerte un chequeo en una institución pública, presentas ese papel en la agencia en la tramitarás tu beca, todo para que 5 meses después durante el trámite de tu visa en la ventanilla del consulado te digan que no sirve y que tienes que traer uno nuevo. Ese mismo examen que ya hiciste dos veces, lo tienes que presentar en la Oficina de Asuntos Públicos en donde te darán otro (sí, otro) certificado que tendrás que llevar a la estación de policía más cercana para tener tu residencia. Eso si te va bien, si no agarras a la señorita de la caja en un buen día, tendrás que repetir el examen entero, pagándolo todo claro esta. 

Todo esto ya lo sabemos las personas que hemos vivido acá y hasta hemos desarrollado una coraza exterior para que no nos afecte en nuestro estado emocional, para los nuevos eso es otra historia.  Alguien me decía: "Hasta parece que no quieren que nos quedemos." Y sí, eso parece.

Total que mi historia personal no ha sido tan mala. Como ya sabía esto, ni siquiera me molesté en hacerme todos los exámenes que te piden (siendo el ecocardiograma y la placa del tórax los más caros) y simplemente me traje el segundo examen médico que hice en México. Sólo me pidieron la placa y salió más barato de lo que tenía en mente. Menos de 150 kuais, cuando yo esperaba pagar más de 200. Lo lamentable fue que te dan un papel con una fecha para que los puedas recoger después de un par de días. Con ese nuevo certificado, tenía que ir a mi universidad para que me dieran mis comprobantes de que soy estudiante y que vivo aquí... pero cuando regresé por mis papeles, resulta que la demanda de certificados es abrumadora y no tuvieron el mío a tiempo. Me dijeron que aun así podía ir a mi universidad y pasar por mis papeles y después regresar por mi certificado. El incrédulo de mi persona le creyó y me fui. Al llegar a las oficinas de la uni, me echan para atrás.

Perdí un día entero en eso, también un poco de mi paciencia hacia este país. Pero ¿cómo un día entero? dirán algunos de ustedes. Bueno, resulta que las distancias en la hermosa Hangzhou son un infierno. ¿Pero cómo si todo está alrededor del Xihu? otros argumentarán. Bueno, no todo Hangzhou es el bendito lago. Yo, lamentablemente, vivo lejos del lago y del centro de la ciudad. El transporte de esta ciudad es raquítico (sólo hay dos líneas del metro y están construyendo otra), lo cual hace que un viaje de 8-10 km se convierta en una travesía de más de una hora en el camión.

Regresé con una derrota a mi cuarto, pero al día siguiente me levanté decidido a poder terminar mi papeleo. Misma rutina que el día anterior: ir por el certificado médico, regresar al campus de Yuquan por mis papeles.

Otro día de la siguiente semana me preparé para dejar mis documentos a la estación de policía. Resulta que por estas fechas (Septiembre), todas las estaciones de policía en China se llenan de extranjeros haciendo estos trámites, por lo que es recomendable ir muy temprano para salir lo más pronto posible. En mi caso, mediante la aplicación de Wechat pude hacer una cita para apartar un número en la estación. Aún así tuve que salir a las 6:45 de la mañana para llegar antes de las 8. El proceso dentro de la estación en Hangzhou es el siguiente:

  1. Al llegar al lugar tienes que llenar un oficio. Debes traer tu certificado médico, fotos, pasaporte, papeles de aceptación de la universidad y recibo del lugar donde resides.
  2. Con el oficio y papeles en mano, haces una fila para que te tomen una foto y te den un código de barras.
  3. Con el código y los papeles, pasas al escritorio par que te den un número con el cual te atenderán y recibirán tus papeles.
  4. En una pantalla aparece tu número que te permite pasar con un oficial para entregarle tus papeles. Al terminar tu pasaporte que queda en la estación y te entregan un documento en donde estipula que estás haciendo  en el trámite de la residencia.
 Al terminar todo esto, tienes que esperar un mes para recoger tu pasaporte y pagar 400 yuanes. ¡Nos vemos en un año señores de la estación de policía! (porque acá sólo te daban el permiso de residencia por un año, no más)

Ojalá algún día sea de ayuda a alguien que venga a Hangzhou. Recuerdo que en Xi´an no fue tan engorroso, pero igual fue causa del síndrome del que les platicaba en el artículo anterior, el "extranjero nuevo en China".

miércoles, 9 de diciembre de 2015

De regreso a la normalidad china.

He dejado de lado escribir para todos ustedes porque China me ha obligado a dar, por lo menos, un cambio en mi vida de escritorio. 

La primer semana después de mi llegada a Hanzghou todo seguía solitario para mí. Las cosas más sobresalientes de mi estancia sólo se pueden resumir a salir a comer o comprar frutas, y conocer el campus universitario. 

Un buen día, después de ir a una cafetería a las 7 de la mañana, iba caminando de regreso a mi cuarto cuando me encontré a un chavo con una playera de la selección brasileña. Tomé el riesgo de preguntarle si era brasilero (en estos días cualquiera puede tener la playera de cualquier equipo), y para mi cochina fortuna lo era. 

¡Por fin!, hablamos poco pero fue productivo ya que me preguntó si era yo el mexicano que había puesto una bandera mexicana en el balcón del cuarto... Se me iluminó la cara cuando supe que había, por lo menos, otro mexicano en donde yo vivía. No pude hacer otra cosa que ir a contar el número de cuarto de la bandera para ir a conocerlo. Después de media hora de yerros y yerros, le atiné al cuarto. Lamentablemente lo desperté, pero no lo lamenté ni un segundo. 

Le pregunté sobre varias cosas de la ciudad y de la universidad. Como paréntesis quisiera decir que hay un fenómeno muy particular en las personas que por primera vez están en China y las que ya hemos estado aquí (no importando si sabes chino o no). Cuando vienes por primera vez, crees que tienes un mundo nuevo, te sientes el Colón del siglo XXI y siempre traes cargando tu guía Lonely Planet y tus fráses de supervivencia en un papelito. Todos pasamos por esa etapa, no hay quien se le escape, tan tontos como nos veamos. Quizá, todo lo que lean de mis primeras entradas tengan esa gran carga de asombro.

Y ahora que pertenezco al segundo grupo de extranjeros en China, que ya sabemos como movernos, que aprendimos el idioma al punto de vivir sin problemas y que todo lo novedoso/asqueroso/impresionante/intimidante que alguna vez fue, ahora solamente es un gran: Esto ya lo viví.

Nos volvemos aburridos, por así decirlo. Poco nos sorprende, sabemos a qué huele, a qué sabe, cuánto debe de costar, qué decir, por dónde ir... Es más rápido entrar en una rutina, pero también nos aleja de todas las cosas que nos puedes ofrecer la ciudad en la que estemos.

Terminado el paréntesis, ese mismo día conocí a otra mexicana que estudía aquí y salímos a comer una sopita de pollo que hasta este día, sigue siendo de lo más decente para comer por aquí. El cambio de horario me pegaba duro a las 4-5 de la tarde. Veía el amanecer todos los días, sin internet en mi cuarto ni nadie con quien hablar 20 de las 24 horas del día. Eso sí cala, no estaba acostumbrado a ello. Lo único que me hacía compañía era "The girl with the dragon tattoo" de Stieg Larsson que compré en Seattle (recomendable).

Espero poder ponerme al corriente pronto. Tuve una emergencia que se prolongó durante estos 4 meses, pero ahora la única excusa que tengo para no escribirles es mi propia desidia. 

Les dejo una foto de San Francisco...

Y otra del Xihu en Hangzhou.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Llegada a China 2.



Bien, voy a saltar en el tiempo y regresar al presente. El tiempo pasó demasiado rápido la última semana y el viaje me golpeó de pronto y así como si nada ya me encuentro en China una vez más. Todo lo que pasó en la última semana fue un revoltijo de sentimientos que sólo se iban hacia un lado: la nostalgia. Sí, es lo que quiero. Sí, es lo que me gusta. Sí, estoy feliz por ello. Pero... de repente cayó como rayo la sensación de completa soledad, sabiendo que esta vez sí iba a estar solo por algún tiempo. Que aunque me supiera mover sin problemas en China, ahora lo tendría que hacer todo solo. Eso hace que esta vez en particular sea muy diferente.

Para llegar a la ciudad de Hangzhou, donde residiré durante la duración de la beca, tuve que hacer 3 paradas. La primer parada fue la ciudad de San Francisco. Tuve la fortuna de encontrar un vuelo muy barato para llegar a China, el único "pero" fue que tendría que quedarme 20 horas en San Francisco. Esto quedaría muy bien ya que podría conocer una de las ciudades más populares de Estados Unidos. También tuve la fortuna de tener una conocida que pudiera darme hospedaje y tour durante mi estancia allá, por lo tanto mis costos serían mínimos en el departamento de hospedaje y por ello estoy enormemente agradecido.

El primer recuerdo que yo tengo de San Francisco desde niño es lo que nos enseñan en "Papá por siempre" (Mrs. Doubtfire), película protagonizada por Robin Williams. Y  aunque único que muestran son las calles empinadas y el tren que va por las calles, eso es suficiente para recordar la ciudad. Eso no lo es todo en San Francisco, en realidad la ciudad es bastante más grande de lo que yo pensaba, muchísima gente había ese día que yo estuve ahí. En todos lados hay mucha gente, siempre. En San Francisco pude conocer el Pierre 39, Golden Gate, Lombard Street (la calle empinada), Castro Street (el barrio gay), pasar por el Candlestick park (antiguo estadio de los 49´s de San Francisco) y por Sillicon Valley (justo por donde está Facebook). Y sin olvidar que pude comer una de esas hamburguesas atascadas que sólo puedes encontrar en Estados Unidos. 

La segunda escala fue en Seattle, el vuelo salía al cuarto para las 7, entonces estaba en el aeropuerto a las 3 y media de la mañana. Le ayudé a un par de chinos que no podían explicar a la señorita de la aerolínea unas cosas y ya me metí a las salas de espera. Es engorroso pasar por los filtros de seguridad, pero si lo haces con tiempo no hay mucho problema. Los dos vuelos que hasta ahora llevaría, habían sido bastante placenteros, ambos habían llegado antes de lo previsto, el único pero es que ya te cobran la comida, y por lo menos en el primer vuelo sí tuve que aguantarme el hambre un rato. Ya en el aeropuerto de Seattle hice mi primer burrada. Me salí de las salas de espera para ir por mi maleta (que la señorita que hizo mi registro para el vuelo me dijo que tenía que cambiar mi maleta en Seattle) y cuando fue pasando el tiempo y mi maleta no salía, una persona de la aerolínea me dijo que como iba de paso, la maleta directamente pasaba al siguiente vuelo. Ahí voy otra vez a pasar seguridad y no tenía la necesidad de haberme salido en primer lugar... 

Llegué sin problemas y con buen tiempo a la siguiente sala de espera que era la última para agarrar el vuelo que me traería a China. Las aerolíneas chinas que hacen vuelos transatlánticos no me gustan. Son bastante incómodos y el interior de los aviones ya están inservibles algunas cosas. La pantalla que le tocaba a mi asiento no servía bien y tuve problemas para agarrarle el modo para usarlo. Este vuelo tuvo mucha turbulencia y la comida fue de regular a mala. Pero como dicen: una mala noche, pasa.

Llegar a Shanghai fue darme cuenta de que toda China es igual. En el sentido que la gente, en su mayoría, se comporta igual en una ciudad grande o en una pequeña. No existen las filas, todo parece un desorden, se gritan para todo, te empujan... Tuve que agarrar un camión para llegar a Hangzhou que sale a un costado del aeropuerto por una módica cantidad de 110 kuais y un viaje extra de 3 horas. Iba ya podrido en ese camión, el calor me estaba matando y la falta de sueño hizo lo suyo también.  Ahora ya sabía que nadie me esperaba, así que no fue tanta la odisea como la primera vez (¡por fin!).

Si me hubieran dicho que llegué de nuevo a Xi´an y no a Hangzhou, se las creo. Eran casi las 9 de la noche cuando llegué y me pareció que era igual. Los olores, las vistas, la gente, los puestos de comida... Todo me pareció igual, o será que ya estoy curado de espanto... Llegué en taxi a las 930 al campus de Zijingang de la Universidad de Zhejiang(浙大紫金港校区), me registré, me quitaron 400 kuais para el depósito del cuarto, me metí a la regadera y después a la cama. De nuevo con la sensación de que, durante algún tiempo por lo menos, estaría solo.

lunes, 24 de agosto de 2015

El Tíbet 3

La siguiente parte del viaje en su mayoría fueron horas en una pequeña vagoneta, suficiente para llevarnos a los 6, la guía, al chofer del viaje y unas cuantas maletas con lo justo necesario para vivir los siguientes 4 días. Nuestro destino "final" era el Everest, aunque en realidad el destino final era regresar a la ciudad de Lasa. Una vez llegando al Everest, el resto fue como un sueño que tuvo pequeños espasmos de lucidez.

El viaje nos llevó para empezar a uno de los lagos sagrados de Xizang, el lago Yamzhog Yumcog. Este lago, entre otras cosas, ha sido una de las vistas que no podré olvidar y que más impacto han causado en mí. El agua es de un tono turquesa, no es transparente, y refleja las montañas que lo acompañan. El lugar, siendo tan turístico, tiene un pequeño estacionamiento que se encuentra al pie de una ladera la cual puedes subir o quedarte en ese lugar a admirar. Desde luego que nuestro primer instinto como niños adolescentes, fue correr y subir. Después sólo pudimos caminar y subir poco a poco porque el aire era muy ligero y no nos daban los pulmones para más.

Para cuando llegamos, ya se encontraban varios lugareños listos para darnos batalla con las compras y las fotos. Lo más atractivo del borlote fue una señora que tenía un Yak y una oveja tibetana disfrazadas para que te tomaras las fotos. Como siempre, te empujan hasta el Yak, te suben, te hacen ponerte un sombrero tradicional tibetano y ya que estás arriba te enjaretan la cabrita. Todo contento y feliz como Napoleón en París y tómala, son 3 precios diferentes y sumados por el Yak, el sombrero y la cabra. Pero bueno, la siguiente vez que regrese a ese lugar y con esa señora, quizá podré decirle que no al sombrero.

Sin la cabrita, me cobraron menos.
Después de la foto, nos fuimos subiendo la ladera hasta el punto más alto de la misma. Ahí arriba, encima de todo, tener el azul del agua, del cielo, el verde del pasto en las montañas y blanco de las nubes. Te sientes como el único receptor de todo lo que está pasando ahí en ese momento. No existe nada más. "Se siente como caminar entre las nubes", ahora fue literal. Por cada paso hacia arriba que dabas, te enredabas en una maleza de nubes. Encontramos unos cuantos Yaks que le sacaron un susto a uno de los ingleses por andar de machos con ellos.

Vista del lago Yamzhog.
Como en concierto.
Seguimos y seguimos por horas, ya sea en terraceria o pavimento, encontramos vistas impresionanates de montañas nevadas, pequeñas chozas, pueblos construyéndose o en vida. Escuelas, construcciones con banderas llenas de mantras, liebres, cabras, yaks... Pasamos por un pueblo en el que almorzamos. Para empezar encontramos queso de leche de yak, estaba bastante rico y cremoso. Pasamos a un restaurante con curry, pero también había arroz frito y la bebida llamada Lassi (hecho a base de yogur con cardamomo) bastante rico.


Posteriormente llegamos la ciudad de Shigatse alrededor de las 8 de la tarde (sí, aún era tarde) donde pasamos la noche. Primero llegamos a la estación de policía donde nos debíamos presentar para dar nuestra parte de que andabamos de parranda por el lugar y que nadie se alarmara por unos cuantos güeros que anduvieran por ahí. Nos dieron la noche libre, así que salimos a buscar algo de comer y beber. Conseguimos los famosos fideos tibetanos (que ya había descrito con anterioridad y que consistían de fideos con en agua con un poco de jitomate) y unas cervezas locales. De todas las cervezas chinas que probé, lamento decir que las de Xizang junto a las de Luoyang se llevan el premio a la más fea.

Rumbo a Shigatse

Organizamos una pequeña tertulia pero nos dormirmos algo temprano para aguantar los días que nos seguían. Pudimos tomar un desayuno en el restaurante del hotel bastante occidentalizado, rico por cierto. De nuevo otro día en el que las horas se irían encima de la camioneta. Pasamos por muchos otros paisajes hasta encontrar otro pueblo en el que pudimos parar y comer algo más sustancioso y lugareño. Los dueños del lugar, me parece, eran conocidos o familiares del chofer y de la guía ya que el recibimiento fue muy cálido. El mismo plato de fideos tibetanos, pero ahora bastante mejor preparado y té con leche.

Rumbo a Pekor Chode

El viaje nos llevó al monasterio de Pekor Chode. Menos gente, lugar más íntimo y por lo tanto podías estar más tiempo y más cerca de las reliquias. Era una ciudad muy pequeña, yo no encuentro en mis recuerdos alguna seña de electricidad (pero seguro sí la había). Y las clases de budismo continuaban.

Pekor Chode.
Teníamos que pasar por retenes militares para, de nuevo, presentar nuestros papeles formales para ingresar a la zona de la cordillera de los Himalaya. Antes de la zona de revisión, encontramosun pueblo en el que la gente está poco acostumbrada a ver extranjeros, así que se nos arremolinaron niños. El pueblo podía carecer de todos los servicios a los que estamos acostumbrados, pero al estar tan alejados de los siguientes pareciese que no es necesaria tanta fanfarria como nos dice la tele o la ONU y su Índice de Desarrollo Humano (sólo digo...).

Para subir a al último mirador antes de llegar al Everest, el camino se volvió una serpiente kilométrica, alucinabas tanta vuelta, tan lenta y si se alcanzabamos a algún camión pesado... Uf, ya sabrán cómo se pusó la cosa. En el trayecto se nos fueron una o dos llantas (por lo menos fue una) pero como los grandes atletas cumplen con hazañas nunca antes hechas, nosotros llegamos vivos al mirador.

Camino al mirador.
El mirador tiene la magia de poder observar (¡duh!) la cordillera del Himalaya. Siempre y cuando Buda, Mao, Dios y Alá se pongan de tu lado y te dejen verlo. En esta ocasión creo que el que nos falló fue Mao ya que había nubes por todos lados y no se veía nada.

Piedra conmemorativa del mirador.


De izq. a der. Yo, el chofer, Ricardo.

El resto del camino no hubo gran cosa para platicar, el punto más importante fue la llegada al Campamento Base del Everest en el cual íbamos a pasar una noche y regresarnos en la mañana. Al llegar al campamento, lo primero que necesitas ver es el pico de la montaña. Todos salimos tratando de captar por primera vez el punto más alto del planeta. Justo al lado del campamento se encontraba un río que pasaba rápidamente, el viento soplaba junto al río tan fuerte que en ocasiones era difícil caminar en contra.

El frío se sentía en todo el cuerpo, es necesario llevarse algo abrigador para no sufrirlo. Cuando llegamos al campamento ya eran pasadas las 6 de la tarde, estaba el sol escondiéndose ya. Tratamos, de nuevo inútilmente, de correr para ver de cerca el Everest. Entonces ahí lo vimos, la majestuosidad que representa tal visión es indescriptible. Estaba tapado por otra montaña, pero era una visión tan clara, blanca por la nieve permanente y detrás muchas nubes que no nos dejaban ver lo que seguía.

"Everest"

Impresionados por el "Everest"
Vista del campamento


Después de unos minutos de discusiones entre nosotros, la guía se nos acerca gentilmente y nos pregunta: ¿qué miran? Todos atónitos, le dijimos que el Everest (珠穆朗玛峰 Zhumulangma en tibetano y chino). La guía se rió un poco, y nos dijo que ese era el K2 (el segundo pico, seguido del Everest, más alto del mundo) que el Everest estaba detrás de las nubes que impedían la visión... A los cinco minutos las nubes decidieron hacerle caso a la guía y empezaron a dispersarse poco a poco para dar paso, ahora sí, al pico más alto del mundo.

Primer vistazo del Everest

Pues ahí estaba. Detrás del K2 y las nubes, el sol se veía reflejado en la nieve y poco a poco se iba aclarando. El Everest hacía su entrada triunfal como si nos estuviera esperando para salir y quedarse para las fotos no más de media hora. El sol se puso al poco rato, dejándonos con la expectativa del amanecer. Ya en nuestra tienda, nos preparábamos para descansar, pedíamos algo de comer planeábamos nuestra excursión del siguiente día. Pararnos a las 5 aproximadamente para caminar al último punto posible para ver el amanecer.

Última vista antes del anochecer.

La noche era completa oscuridad, no había polución eléctrica de ningún tipo. Entonces podía ver todas las estrellas posibles. Era impresionante la cantidad de puntos blancos, amarillos y rojos que hay en un cielo que no ha sido tan tocado como el de cualquier ciudad. Esa vista es otra que sólo puedo recordar, no hay registro fotográfico. Me quedé media hora fuera viendo el cielo, revisando todos los movimientos y disfrutando de una de las más grandes experiencias de mi vida.

Al siguiente día, teníamos que caminar unos 40 minutos para llegar al último punto en el que te dejan pasar como turista, a partir de ese punto sólo los alpinistas pueden pasar. Esos 40 minutos fueron el ejercicio más fuerte que he hecho en mi vida, tomando en cuenta que estábamos a una altitud de 5200 msnm. hubo un punto en el que tus pulmones no dan más y sientes la necesidad de parar. En fin, pudimos dar el ancho con huevos hervidos y machaca en su bolsa traída desde Monterrey.

Camino a recorrer.

Everest al amanecer.

Estuvimos ahí alrededor de media hora. Las nubes nos dieron la oportunidad de verlo todo en su máximo esplendor. Discutíamos todos sobre cuál sería la mejor estrategia para hacer cima, cuánto tiempo nos tomaría sin preparación y las necesidades para hacerlo y así seguíamos la plática. Toda cosa que es inmensamente masiva, en cualquier escala macro o microscópica, siempre tiene la característica de ser inexplicable a simple vista. Es inevitable cuestionarse: ¿para qué tanto desmadre con la política, la literatura, la filosofía, la ciencia... para desenredar todo lo que es el universo que nos rodea?